La codicia, la mafia de los medicamentos y la contracultura cristiana
El juego macabro donde conviven mafiosos, obras sociales, funcionarios corruptos y pseudo empresarios ha costado vidas y pone en peligro a miles de enfermos, escribe Raúl Scialabba presidente de la Asociación Bautista Argentina.
La justicia es el orgullo de una Nación; el pecado su verguenza. Proverbios 14:34
Ir tras la justicia conduce a la vida, pero ir tras la maldad conduce a la muerte. Proverbios 11:19
El Señor no soporta la conducta de los malvados, pero ama a quien vive una vida recta. Proverbios 15:9
¿Que calificativo puede merecer aquel que lucra con el sufrimiento moral y físico de un enfermo?
¿Como se sentiría cualquier persona si supiera que como parte de un negociado, a su hijo, padre, madre o hermano que sufre de cáncer, le fue suministrado un medicamento adulterado, vencido o cuyas drogas ya no surten efecto?
¿Que reacción tendría si ese familiar directo agrava su estado o muere?
Estas preguntas que con su sola formulación provocan miedo, son parte de la realidad argentina de nuestros días y muestran los niveles de codicia y crueldad a los que la condición humana puede llegar cuando se aleja de Dios.
Este juego macabro donde conviven basados en el amor al dinero, mafiosos, obras sociales, funcionarios corruptos y pseudo empresarios que lo lavan, ha costado vidas y pone en peligro a miles de enfermos muchos de ellos terminales.
Hoy es común como se dejan principios éticos para alcanzar objetivos con métodos ilícitos que la Biblia condena.
Ante la pérdida constante de valores evangélicos en nuestro país, debemos hacer oír nuestra voz profética como cristianos exigiendo justicia y el fin de la impunidad. Construyamos con nuestras acciones una contracultura que muestre que es posible e imperioso llevar una vida recta.
Los cristianos no somos entes aislados, Dios nos puso en una familia pero también en una sociedad.
Dios espera que denunciemos las injusticias, pero a la vez que nuestro comportamiento sea moralmente íntegro.
En la Biblia hay muchos ejemplos de los que a pesar de circunstancias tremendamente desfavorables nunca dejaron de lado las normas de vida impuestas por Dios y asumieron con valentía los riesgos y consecuencias de respetarlas.
Dios nos desafía a proceder como El manda con los que nos rodean. Tenemos que obedecerle, predicando a Jesús, dando testimonio de Él, exigiendo justicia pero siendo misericordiosos y serviciales con todos.
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